Hacia una ecología interior

Hacia una ecología interior

Algunos locos idealistas se empeñan en protejer el medio ambiente natural,no solo para prevenir degradaciones actuales y males futuros,sino porque tienen el sentimiento de que la naturaleza es un bien y un don comùn, confiado al hombre para que aprenda a armonizarse con ella ,en su relacionamiento tanto externo como interno.

Esto no impide que, en su afàn voraz de beneficios inmediatos, otros hombres, van transformando el mundo, destruyendo los frágiles equilibrios naturales, polucionando mares, atmosfera y tierras de cultivo y ritmos respiratorios.

La relacion hombre-naturaleza es en todo solidaria de la relacion ser-cuerpo.

¿ En qué medida tiene conciencia de ello cada hombre? Es algo que en su silencio interior cada ser humano debe responderse. ¿ Es su cuerpo-ego que decide sus acciones egoìstamente? ¿ O su ser maduro que dirige la accion de su cuerpo obediente hacia una meta ùtil afuera y adentro?

La poluciòn, el consumismo, la acumulación de información clasificada o no, los slogans y comportamientos miméticos, hacen hoy del hombre en general, un juguete en las manos de un dios ciego. Ni psicologos, ni religiosos, ni psicoanalistas, ni sociologos, ni economistas pueden solucionarle o aclararle lo que él obcecadamente no quiere ver:

¿Por qué vive y respira?

¿ Para cumplir meramente un ciclo biològico satisfactorio?

¿ O para buscar y descubrir su razòn de ser en esta existencia?

¡ Pues ya llevas un buen tiempo acumulando desechos; conceptos largo tiempo elaborados; euforias, angustias, desilusiones, còleras; tratados de megalomanìa y de sufrimientos inútiles, sin saber qué hacer con todo esto, si quemarlo o construir un edificio multiuso!

Pero nadie puede responsabilizarse de algo que no se asume como propio. De la misma manera que beneficiamos hoy de los aciertos y conquistas de toda la humanidad, fuimos también aprendiendo de los errores garrafales que, en nombre de la “unica verdad” una buena parte de ella cometiò.

Hoy, potenciales consumidores de reconocimientos; cuidadosos y pacientes constructores de lugares y de ideas refugios; de escaparates expositivos; de mecanismos compensatorios cuidadosamente lubricados: en este mundo de “toma y daca”, lo que pasa afuera, en el exterior, pasa adentro, en el interior.

¿ Manejas la pala y el rastrillo de tus ideas; ¿ O son ellas que producen anárquicamente gases tòxicos en tus respiraciones? Tu información del mundo exterior, ¿ produce el intercambio ùtil para tu crecimiento y comprensión del fenòmeno cìclico de tu existencia? ¿ O ella se ha transformado en el baluarte inexpugnable de tu apropiación de cada instante? ¿Transcurres o permaneces?

¿ O asistes alegre, asombrado y alerta al don imponderable del instante, sin expectativas ni posesiòn? ¡Plantas en tus respiraciones los brotes frescos del momento, regados por la hùmeda disponibilidad de tu tiempo de existencia! Le arrimas luego el sarmiento de tu dedicaciòn amorosa. Aprendes de un tal crecimiento tu irremplazable y ùnico rol de mediador solìcito!

Y màs allà de todo esto, o mejor aun, màs acà, està el bendito puente del amor comprensivo.

Manuel Aguiar